Allí estaban, dos amigas junto una la chimenea, recordando tiempos pasados.
Hacían tiempo hasta que volvieran todos los demás, hasta que empezase todo.
Ara se echó hacia atrás en el sillón. Alzó la cabeza, y se quedó embobada con lo que vió; todo el techo del salón estaba lleno de pinturas. Sonrió.
-Sí que te lo has montado bien.
-Solo es temporal.-respondió su compañera, y murmuró, como si acabase de descubrir esa palabra-...temporal...
Llamaron a la puera del gran salón. Los rizos negros de Aur la siguieron en su camino precipitado hacia la puerta.
Ara seguía mirando el techo, abstraida del mundo.
Cuando la sirvienta (que era quien había llamado) creyó prudente abrir la puerta, se encontró justo detrás con los brillantes ojos azules de su señora.
Aur se rió al verla sobresaltada y le dijo que no se preocupase, que había oido el ruido de los pasos, y que ya sabía que habían llegado dos personas a las que esperaba, y que ahora mismo iría a recibirlas.(nota de la autora, que sigo sin saber si se pone NdA xD, durante la cena, había dos comensales misteriosos de los cuales aún no sabemos nada, eran misteriosos porque los muy maleducados iban con capucha y no se la quitaron en ningún momento xD ahora podeis seguir leyendo, Aur va a salir a recibirles)
Cerró la puerta tras de sí al salir del salón, dejando a Ara sola con sus reflexiones.
La reflexión de Ara ahora era el gran reloj que había sobre la chimenea.
Miraba esa aguja que iba segando los segundos de vida de miles de mortales. Uno, a uno, a uno.
Su sonido le retumbaba en los oidos. Y aún cuando de golpe se apagó la chimenea, y todos los candelabros del salón , ese horrible tic-tac seguía sonando en su cabeza en la oscuridad.
Se levantó del sillón y se acercó a la única zona iluminada, el gran ventanal por el que entraba luz. Luz de luna llena.
A su lado algo se movió. A su lado una voz demasiado familiar comenzó a recitar unos versos.
-Oh!brillante ser que desde cada uno de mis rincones adoro, oh! amanecer de mis noches y alegría de mi alma, ¿por qué mi corazón hicisteis pedazos? ¿Por qué contando los añicos os burlais de mí tan despiadadamente? Ni si quiera me pertenezco, ni si quiera porque soy de vos. Y me desangro de amor.
La figura dió un chasquido y se encendieron todos los fuegos.
-La llama del amor todopoderosa.
El chico que sostenía un papel arrugado y lleno de tachones era apuesto, moreno, y describía una mueca de desidia mientras balanceaba aquella carta.
-Otro poema cutre y sin rima de otro de tus miles de adimiradores, querida. El conde..no se algo...Quién cometería el crimén de dejarle una pluma?...Yo, querida, que sepas que no te escribo nada porque te tengo por una causa perdida, peeeero, estoy seguro de que te encantaría - Ara se rió aún de piedra, él se dió la vuelta y se fue acercando hacia la chimenea sin dejar de hablar- vaaaaya, me encanta como se lo monta siempre nuestra querida Aur -se apoyó en uno de los sillones y observó todo el salón con mirada crítica- realmente bien. -y mirando a Ara- anda que estar juntos toda la noche en la reunión y no reconocerme como uno de los dos misteriosos encapuchados... xD
Ara no se contuvo más, se le lanzó al cuello. Había pasado de risas nerviosas, al llanto descontrolado. Lloraba de alegría, lloraba de incredulidad. LLoraba abrazando a alguien que creía que había perdido para siempre.
El muchacho la estrechó, dejando que se tranquilizase. Cogió su cabecita, estrujando sus ricitos perfectos, y luego, con mucho cuidado, le alzó la cara, y la miró fijamente:
-¿Sabes? Incluso así estás preciosa.
viernes, 29 de mayo de 2009
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