Aquella voz de mujer procedía de un sillón que miraba a la chimenea. Esa gran chimenea del fondo que daba un toque acogedor al salón.
La que había hablado era Aur Font, y su voz era autoridad y respeto. Potunen asintió, y volvió a sentarse.
-Querida...-empezó Aur Font levantándose del sillón y dándose la vuelta para mirar a Ara.- ¿vas a estar de pie todo el día? toma asiento por favor- y la interpelada obedeció.
Aur Font sonrió. Se alisó la falda de su hermoso vestido azul zafiro, que hacía juego con sus ojos y sus joyas. Era un vestido muy parecido al de Ara, solo que el escote de la anfitriona era recto con los hombros al descubierto. Y ella, al contrario que Ara, era morena, y llevaba el cabello recogido en dos moños que dejaban caer bucles revoltosos.
Se sentó al lado de Ara, pero al instante se levantó. Había recordado que aún no había llamado a Iris, y tenía que pedirle que trajese la cena. Tocó la campanilla y se sentó de nuevo.
Con una sonrisa un tanto sarcástica se dirigió a Ara:
-Querida, para ser el ser más bello, no tienes un nombre muy acordé, ¿no te parece? porque Ara...viene de Arabela ¿verdad?
-Sí, exacto, viene de Arabela -e intentó matar a su amiga con la mirada- creo que no me sonreíste mucho a la hora de la asignación de nuestros nombres.
Aur Font rió -Sí que sonreí un poco, podrías haberte llamado...Ambrosia o...Anacleta...
-Déjalo Aur, tranquila, ya me he acostumbrado, y no te guardo rencor- le hizo una mueca de burla- porque por lo menos me pusiste un apodo aceptable.
-Perdone señora, ¿ha llamado? ¿Desean que les sirva ya la cena?- la que habló fue Iris, que asomaba por la puerta del salón cargada con bandejas.
-¡Ah! Sí Iris, muchas gracias- y tras decir esto, Aur Font hizo un gesto al resto de presentes en la habitación para que se sentasen a la mesa. La criada fue poniendo cuidadosamente los cubiertos, la vajilla de porcelana, los vasos tintineantes, y los centros de comida.
Mientras servía la sopa, sir Potunen, que estaba sentado junto a Aur, mantenía el ceño. Se acercó a su vecina de mesa y le susurró:
-¿Se puede saber por qué has pedido la cena? Sabes de sobra que nosotros no...
-Calla querido- le cortó Aur Font, haciendo un gesto con la mirada para que mirase a la joven Iris, que había terminado, y haciendo una inclinación de cabeza salía del salón.- lo sé, y lo siento, sé que no te gusta ni esta época, ni tener que aparentar, pero yo me estoy acostumbrando, y, míralo de este modo, la sirvienta piensa que somos normales, y eso es lo que tenemos y debemos parecer.

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