viernes, 29 de mayo de 2009
Deseos.
Aur Font, que había entrado detrás de "la siniestra figura" sentía la tensión de la muchacha pero no comprendía nada.
- Ara te presento a Shade...aunque por lo que parece ya os conocíais...- No tengo el gusto de conocer a una dama tan hermosa, y la recordaría, porque suelo estar rodeado de féminas un poco más...cómo decirlo?...marchitas.- Shade terminó la frase con una amplia sonrisa, de dientes afilados y perfectamente alineados.
Ara lanzó una mirada de pánico a Aur.- QUÉ HACE ÉL AQUÍ???- Y casi llorando gritó. - HAZ QUE SE VAYA!!! NO VA A LLEVARSE A DICO!!! NO OTRA VEZ!! POR FAVOR!!!.
Estaba temblando, y temblando empezaba a perder casi por completo las fuerzas.
Aur Font corrió a su lado y la abrazó preocupada.
Alisando sus rizos le susurró. -Cariño, shhhhh, ey...tranquilizate. No puede llevarse a Dico. Ni a tí, ni a mí.
Ara alzó la cabecita con mirada incrédula hacia su amiga, y luego hacia Shade.
- Pero Dico no es como nosotros!!!- Ara empezaba a no entender nada.
- Lamento comunicarle que su compañero de antiguas fatigas, ES uno de nosotros. Si no, le aseguro que no estaría
con usted aquí esta noche.
Shade no lo decía para tranquilizarla, su voz sonaba cortante y casi frustrada por aquella afirmación.
Ara miró a Dico entre sorprendida y entusiasmada. Sus ojillos relampagueaban todavía cubiertos de lágrimas.
Sonrió y unió fuerzas para hablarle: (modo diálogo de minitransformes)
- Menos mal que estás aquí. No sé qué habría hecho yo sin mi compañero favorito.
- Oh,vamos, "compañero"? Estarás de broma, no? ME DECLARÉ.
- Bah, ahora que eres uno de nosotros tienes muchas menos posibilidades, como normal llamabas la atención, pero en este plano tendrás que ponerte a la cola porque que sepas que Oscar...
- Oh, sí, el guaperas engreido que no dejaba de mirarte en toda la noche, pues nada, si esas tenemos me voy voluntariamente con el señor Shades.
- No puedes.
- Siento decirle que sí puedo si él quiere voluntariamente acompañarme. (el que habló en esta ocasión fue Shade)
- Pe..pero no hagas locuras Dico, cómo vas a querer irte voluntariamente...con él??
- Ah, qué pasa? no quieres que me vaya? tienes miedo de perderme? acaso me quieres?
- No es eso.
- Venga, si dices que me quieres no me voy.
- No pienso decirlo!! Será chantajista...
- Serás creida...
- Lo que tú quieras.
- Me quieres?
- No!! Cambio de compañero, a uno que no me meta presión ni me insulte...por ejemplo...Oscar. :D
- Jajaja, estás preciosa cuando te sulfuras, creo que te voy a besar.
- NI SE TE OCURRA!!
- Pues nada nada, me voy con Shade, cuando te unas a Oscar, sería un detalle dejar tu ramo de enlace sobre mi tumba.
- Pero se puede saber...? Y porqué con Oscar??
- Porque dices que es mi rival. Pero querida, lamento decirte que nunca te querrá más que a sí mismo.
-Horriblemente agudo ¬¬ -Ara se cruzó de brazos- por eso me gustas como compañero.
- Te gusto!! Lo has dicho!!!
- Como C-O-M-P-A-Ñ-E-R-O.
- Sentimental? xD
- Serás...Oh! Como puedes ser así?
- Sí, ya lo sé, soy único, no me digas...que no lo sabias :o anda..
- Creido.
- Habló...Bueno querida, me voy, echaré en falta tu rostro en el inframundo. Tu rostro, tus ojos, y sobre todo tu boca.
- Mi boca??? Y puede saberse por qué?
- Te quedarás con la intriga del por qué pues estaré donde tu no podrás estar, y yo me quedaré sin su dulce sabor y
- Quieres dejar de hablar como si tu fueses a morir???
- Es que me voy a
- No lo digas!!!
- Si me quisieras...
- No puedes obligarme a que te quiera!!
- Claro que no. Pooooorque, ya me quieres :D
- No.
- Ah, no?
(modo discusión minitransformes off)
Dico la cogió por la muñeca para acercarla. Durante la discusión, Ara se había ido alejando y ahora oponía resistencia sin poder evitar reirse. Sabía que no podía con Dico. Forcejeaba retorciendo el brazo y ayudandose de la otra mano, hasta que también le agarró ésta. Pataleó frustrada e intentó soltarse una y otra vez, hasta que fue inútil. Hasta que la tuvo inmovilizada por completo desde atrás. Y ella se rindió y no tuvo más fuerzas para luchar.
La giró y la miró fijamente. Ambos respiraban entrecortadamente por el esfuerzo de la pelea. Ara sentía demasiado calor, y un nerviosismo extraño ante la mirada decidida de Dico. Pensó que era imposible tenerlo más cerca, sentía cada uno de sus latidos.
Pero Dico le demostró que no era imposible. Aún jadeaba, y aún apoyaba su frente en la de ella. Soltó sus muñecas, la agarró por la cintura, y sin poder contenerse más, hizo algo que llevaba queriendo hacer desde la primera vez que la vio.
Y fue un beso de agua entre pasión y latidos encontrados.
Ara no opuso resistencia. Porque desde el fondo de su ser, sabía que nunca había ansiado ningún otro momento más que aquel.
Tal vez recuerdes lo que se siente.
Cerca.
Cuando has estado tan, tan cerca… que el silencio respira.
Palpita.
Sabes que estás ardiendo por dentro.
Lo sabes porque el calor enciende tus mejillas, quema, pasa por tu cuello y llega hasta cada rincón de tu cuerpo.
Hasta las puntas de los dedos.
Ara y Dico compartían la porción de oxígeno que quedaba entre sus labios.
Sin nada más que respirar.
Flashback.
Poneis vuestro cuarto patas arriba, pensais una y otra vez donde puede estar, y tras buscar y buscar, frustraros, ir de aquí para allá y desesperaros...nada.
Y un día, levantando un cojín, abriendo el cajón de la cómoda, cogiendo un libro...lo veis.
¿Conoceis esa sensación?
Multiplicarla por mil.
Ara había perdido algo mucho más importante. A Dico.
A esa persona a la que se aferraba, consciente de cuánto lo necesitaba, tras haberlo perdido.
Dico había sido algo así como su corresponsal, su mensajero, pero por encima de todo, su compañero.
Por su ahínco y esfuerzo lo había tratado con predilección, por encima de todos los mortales.
Era el único con el que se desahogaba, con el que se mostraba como era...era ese que sabía hacerla reir.
Pero Ara era una mujer de prejuicios.
Y los prejuicios de Ara se pusieron a prueba un día.
El día en que Dico se declaró.
No recordaba que estación era, solo recordaba que no hacía ni frio ni calor.
Estaban en el pico del abismo.
Estaba atardeciendo, y siempre iban allí a ver la puesta de sol.
Era el lugar más bello del universo. Y habían tenido la oportunidad de comprobarlo. Y se había convertido en SU lugar.
Dico conocía demasiado bien a Ara. La conocía tan bien que sabía cual iba a ser su reacción.
Pero estaba decidido y lo haría allí y ahora. No podía estar toda su vida haciendo recados y trayendole los poemas amorosos de admiradores a la mujer que amaba.
-Te quiero.
Esas dos palabras sonaron devastadoramente sinceras y firmes, resquebrajando el silencio.
Ará dejó de mirar el horizonte y su fiesta de colores, para clavar sus ojos en otro mucho más cálido, y mucho más profundo, que le devolvía la mirada.
- Te quiero más que a nada en este mundo. Y decirlo era lo único que quedaba porque sé que en el fondo tú lo sabías de sobra.- Cuando Dico le dijo aquello, Ara no supo reaccionar. Él fue más rápido y la agarró por la cintura dispuesto a besarla.
Ahí fué cuando los prejuicios y miedos de Ara obraron por ella. Era un mortal, la quería, pero era un mortal, y eso implicaba sufrimiento, dolor. Y era la primera vez que alguien se atrevía a cogerla así!! y a acercarse tanto!!!!
La indignación y los prejuicios de Ara le pegaron un puñetazo de impresión a Dico.(sí xD momento paranoia, se ve a Dico golpeado por un puño gigante, luega a Dico por los aires a cámara lenta, y cayendo por el abismo).
Ara se dió cuenta de a donde estaba cayendo.
Gritó y se acercó al filo del abismo corriendo.
Mientras la mano golpeadora enrojecía de dolor, la otra se extendía intentando alcanzar a Dico.
Sus dedos se rozaron (sí, típico xD lo sé) y sus caras describían demasiadas impresiones al mismo tiempo.
La de Ara principalmente pánico.
Miró abajo.
A esa oscuridad, esa masa negra, rocas y hedor.
Tomó una decisión. Y corrió, corrió como no lo había hecho en toda la eternidad, comenzó a descender por la ladera, abajo, y más abajo, y más aún...
Hasta el valle.
Tenía ante sus ojos el imponente valle verde. Se extendía hasta donde podían alcanzar a ver. Era como un mar de hierba fresca.
Y detrás, detrás tenía la montaña, y aquel siniestro arco de piedra que siempre evitaba.
Sabía qué había al otro lado del tunel. El lugar al que había caido Dico.
Sabía que era un tunel recto que atravesaba la imponente montaña. Sabía que todo lo que hubiese dentro la conmocionaría. Sabía que lo que iba a encontrar al final no le iba a gustar.
Pero en su cara se empezaban a secar las lágrimas que había derramado en su desesperada bajada.
Y su corazón palpitaba con fuerza en sus oidos.
Iba a cruzar.
Se dió la vuelta. Tomó aire. Y emuló a un rayo hasta llegar al otro lado.
Al otro lado.
La única luz aparente desprendía un tono verdoso que descubría un mundo oscuro, viscoso y rocoso.
Y allí en el suelo, sobre unos peñascos, había dos figuras.
Dos.
Una tumbada, tirada, e inmóvil.
Otra recogiéndola. Era muy grande. Era muy oscura. Y se había dado cuenta de que ella estaba allí.
Se giró. Y le vió la cara, iluminada por la luz verdosa. Y supo que nunca podría olvidarla.
Fue lo último que recuerda de aquel día. Porque al abrir los ojos, estaba en el valle verde.
Todos estos recuerdos venían a la mente de Ara mientras estrechaba a Dico con todas sus fuerzas.
Eso y lo mal que lo había pasado buscando formas de encontrarle, buscando formas de llegar al lugar al que se lo habían llevado.
Preguntando a tantas personas. Encontrando respuestas a muchas cosas, menos a su pregunta.
Lo había perdido, y todo había sido por su culpa, y aquello había hecho que cambiase radicalmente.
Y todos sus amigos se habían dado cuenta. Dejó de ser tan creida, su arrogancia y prejuicios se fueron tornando en amabilidad, preocupación por las personas, y una eterna sonrisa, que desaparecía cuando estaba sola.
Habían pasado tantas cosas.
Lo había pasado tan mal...
Y ahora Dico estaba ahí, y le decía que se calmase, y le sonreía.
No sabía que era lo que sentía, porque sentía demasiadas cosas, pero era agradable.
La puerta del salón se abrió.
Dico clavaba sus ojos en el fuego, mientras Ara, apoyada en su hombro, los clavaba en la puerta.
Pudo ver quien acababa de entrar.
Y sintió que perdía todas las fuerzas.
Sintió que su corazón se paraba.
Y una mueca de pánico acompañó a un grito ahogado.
Porque, no.
No había podido olvidar aquella cara.
Una cara conocida.
Hacían tiempo hasta que volvieran todos los demás, hasta que empezase todo.
Ara se echó hacia atrás en el sillón. Alzó la cabeza, y se quedó embobada con lo que vió; todo el techo del salón estaba lleno de pinturas. Sonrió.
-Sí que te lo has montado bien.
-Solo es temporal.-respondió su compañera, y murmuró, como si acabase de descubrir esa palabra-...temporal...
Llamaron a la puera del gran salón. Los rizos negros de Aur la siguieron en su camino precipitado hacia la puerta.
Ara seguía mirando el techo, abstraida del mundo.
Cuando la sirvienta (que era quien había llamado) creyó prudente abrir la puerta, se encontró justo detrás con los brillantes ojos azules de su señora.
Aur se rió al verla sobresaltada y le dijo que no se preocupase, que había oido el ruido de los pasos, y que ya sabía que habían llegado dos personas a las que esperaba, y que ahora mismo iría a recibirlas.(nota de la autora, que sigo sin saber si se pone NdA xD, durante la cena, había dos comensales misteriosos de los cuales aún no sabemos nada, eran misteriosos porque los muy maleducados iban con capucha y no se la quitaron en ningún momento xD ahora podeis seguir leyendo, Aur va a salir a recibirles)
Cerró la puerta tras de sí al salir del salón, dejando a Ara sola con sus reflexiones.
La reflexión de Ara ahora era el gran reloj que había sobre la chimenea.
Miraba esa aguja que iba segando los segundos de vida de miles de mortales. Uno, a uno, a uno.
Su sonido le retumbaba en los oidos. Y aún cuando de golpe se apagó la chimenea, y todos los candelabros del salón , ese horrible tic-tac seguía sonando en su cabeza en la oscuridad.
Se levantó del sillón y se acercó a la única zona iluminada, el gran ventanal por el que entraba luz. Luz de luna llena.
A su lado algo se movió. A su lado una voz demasiado familiar comenzó a recitar unos versos.
-Oh!brillante ser que desde cada uno de mis rincones adoro, oh! amanecer de mis noches y alegría de mi alma, ¿por qué mi corazón hicisteis pedazos? ¿Por qué contando los añicos os burlais de mí tan despiadadamente? Ni si quiera me pertenezco, ni si quiera porque soy de vos. Y me desangro de amor.
La figura dió un chasquido y se encendieron todos los fuegos.
-La llama del amor todopoderosa.
El chico que sostenía un papel arrugado y lleno de tachones era apuesto, moreno, y describía una mueca de desidia mientras balanceaba aquella carta.
-Otro poema cutre y sin rima de otro de tus miles de adimiradores, querida. El conde..no se algo...Quién cometería el crimén de dejarle una pluma?...Yo, querida, que sepas que no te escribo nada porque te tengo por una causa perdida, peeeero, estoy seguro de que te encantaría - Ara se rió aún de piedra, él se dió la vuelta y se fue acercando hacia la chimenea sin dejar de hablar- vaaaaya, me encanta como se lo monta siempre nuestra querida Aur -se apoyó en uno de los sillones y observó todo el salón con mirada crítica- realmente bien. -y mirando a Ara- anda que estar juntos toda la noche en la reunión y no reconocerme como uno de los dos misteriosos encapuchados... xD
Ara no se contuvo más, se le lanzó al cuello. Había pasado de risas nerviosas, al llanto descontrolado. Lloraba de alegría, lloraba de incredulidad. LLoraba abrazando a alguien que creía que había perdido para siempre.
El muchacho la estrechó, dejando que se tranquilizase. Cogió su cabecita, estrujando sus ricitos perfectos, y luego, con mucho cuidado, le alzó la cara, y la miró fijamente:
-¿Sabes? Incluso así estás preciosa.
La norma.
Todos menos Ane.
-Es la primera vez que te hemos invitado a participar con nosotros, pero tranquila, te pondré al día.- Aur se le vantó de su asiento y sacó de entre sus vestiduras una hermosa bola de cristal del tamaño de un puño.
Comenzó a balancearla de una cara a otra de su mano derecha. La bola brillaba con los 7 colores del arcoiris y acaparaba toda la atención de la joven Ane. De repente lanzó la hipnotizadora bola hacia arriba con bastante fuerza. Casi tocó el alto techo, y comenzó a caer en dirección a la mesa a una gran velocidad. Todos instintivamente se apartaron. Por su trayectoria, iba a caer justo en el centro de la gran mesa. Todo estaba ocurriendo muy deprisa y nadie entendía nada. Y entonces pasó.
La gran ventana del salón se abrió, y entró una gélida brisa. La bola se desvió envuelta en un remolino de aire. Y cayó suavemente sobre la servilleta que Aur había colocado a su lado.
Y ella sonrió a todos.
-Una ventana mal encajada, una ventisca repentina, una trayectoria adecuada...simple unión de hechos...o simple fortuna.- y miró a Ane - Querida, cada uno destacamos por algo, cada uno sabemos cómo utilizarlo, lo que necesitamos es algo donde enfocarlo. Por eso necesitamos saltarnos la norma.
Interactuaremos con mortales, cambiaremos sus destinos, alargaremos o acortaremos su hilo de la vida.
Y todo eso bajo apariencias mortales, como esta noche, sintiéndonos atrapados y pequeños los primeros días.
No es el primer año que nos reunimos, pero si la primera vez que lo hacemos en esta época histórica.
Esta vez también he sido yo la encargada de realizar todo el entramado, pero no he elegido al mismo grupo de participantes.
Las normas y las parejas están en unas cartas que recogeréis ahora a la salida cada uno de ustedes.
A partir de entonces disponéis de una hora para preparaos y volver aquí, a las doce en punto.
La pequeña Ane se estaba perdiendo un poco. ¿Interactuar con mortales? Pero...eso era muy peligroso!!!...se lo venían diciendo desde siempre...
Aur seguía hablando, pero ella seguía con sus preguntas internas.
-Puesto que yo he preparado todo y sé antes que nadie el objetivo- continuaba la anfitriona- entendería que alguno pensase que no soy apta para participar.
Todos negaron con la cabeza y dijeron que claro que debía participar. Aunque supiese todo de antes, ellos lo iban a leer ahora en sus cartas, y ella aún no había comenzado a actuar.
Ane había negado como todos por inercia, pero seguía en su mundo.
De repente soltó:
-Y el que gana tiene premio?
-Jajajaja, sí pequeña, la pareja ganadora tiene un bonito premio, pero espero que no participes solo por eso.
Ane se sintió un poco ofendida por el tono y la insinuación de Aur, ella solo había tenido curiosidad. Un poco enfadada se levantó de su asiento.
-Imitad todos a nuestra pequeña y regresad a las doce.- Y apuntilló mirando al más despistado- EN PUNTO.
El aludido se acercó lentamente a Aur mientras Ane, Oscar, Potuenn y dos personajes siniestros, abandonaban el salón.
-¿Qué te ocurre Hes?- preguntó la anfitriona al joven.
El joven Hesmer parecía nervioso.
-Aur...es que...es por Ane. ¿de verdad cree que es buena idea que ella participe? Está...desorientada...Le puede ocurrir cualquier cosa!!
-Jovencito, Ane ya es mayorcita como para arreglárselas sola, y que yo recuerde, la última vez que tú participaste, estabas en su misma situación, y no te ocurrió nada.
-Sí, sí, lo sé Aur, pero...por favor...déjeme actuar de protector!!
-¿De...de ella? Pero Hes, ¿sabes lo que eso conlleva?- la mirada de Hes respondía a esa pregunta de Aur.- Pero a ver, me estas diciendo que quieres... ¿unirte a ella?- Hes asintió con fuerza- ...pero solo durante este juego, ¿me oiste?
-GRACIAS!!!!-y el joven le dio un efusivo abrazo a Aur que casi la ahoga. Salió corriendo por la puerta y continuó por el pasillo. Tenía que alcanzarla. Allí estaba Ane, en la entrada, cogiendo su carta. Continuó corriendo hacia ella, y no pensaba frenar.
Sus pasos no sonaban, sus pies no rozaban el suelo, su corazón bombeaba con fuerza y era el único sonido que retumbaba en sus oidos.
Y fué el único sonido que escuchó Ane antes de sentir un espasmo que casi le hizo perder el equilibrio. Miró hacia atrás confusa, al largo y vacío pasillo de candelabros y cuadros, y encogiéndose de hombros se abrochó la capa y salió de la mansión.
Desde el ventanal del salón, Aur miraba a la jovencita preguntándose si había hecho bien en dejar que Hes se uniese a ella. Bien o mal, allí iban los dos.
Se giró y miró a su compañera de salón.
-Bueno querida ¿qué te parece?
Ara se acercó también al ventanal. La pequeña Ane subía a su carruaje. Ara sonrió.
-Me parece, querida amiga, que nos vamos a divertir.
Breve diálogo de una cena.
Pero la que irrumpió en la sala fue Iris.
Para hacer caso a la anfitriona y parecer normales a los ojos de aquella mujer, todos comenzaron a tomarse la sopa (que ni habían tocado todavía, y que se había enfriado.)
La sirvienta tenía que terminar de arreglar las habitaciones de los invitados, y como estaba ese día un poquillo despistada, se había dejado el plumero en el salón.
Haciendo memoria, estaba casi segura de que lo había dejado en la repisa de la chimenea.
Sí, allí estaba.
En su camino de salida hacia la puerta sus ojos se pararon en la espléndida mesa que ELLA solita había colocado.
Y admiró aquellos hermosos platos de porcelana, dignos de contener SU magnífica sopa.
Pero casi se le salieron los ojos de las órbitas al ver a la hermosa dama rubia... tomándose su sopa con tenedor!!! Comprobó a los demás...y, sí, menos su señora, TODOS estaban usando el tenedor...
Puso una mueca de circunstancias en su cara descompuesta, y solo cuando se hubo inclinado, solo cuando hubo cerrado la puerta tras de sí, se llevó las manos a la cabeza.
Dentro de la sala, Aur Font sonreía mientras todos sus compañeros mascullaban maldiciendo al utensilio de tres púas para tomar sopa...anda que no eran raros los mortales...
-Compañeros, acababa de decir que pretendíamos pasar por personas normales...la sopa se toma con esto- dijo Aur Font mostrando su cuchara- y si lo pensáis, es mucho más práctico y tiene mucha más lógica...
Sé que la mayoría de ustedes llevan apenas un par de días aquí, y puesto que no se habrán visto en la necesidad, no habrán tenido que comer, pero de ahora en adelante, les ruego que me pregunten o me imiten antes de actuar por su cuenta en cosas terrenales.
Todo lo dijo con una sonrisa y un tono un poco irritante, entre divertida y "os estoy dando una lección", que fue respondido con una sonrisa de "nos estás llamando tontos en nuestras caras, nos estamos dando cuenta, jiji, jaja, que sentido del humor más desternillante tienes".(NdT, que viene a ser nota del traductor pero es que no sé como se pone nota del autor, supongo que NdA, esta frase a modo de interpretación de la sonrisa ha sido añadida por mí ahora, y no cuando fue escrita, y le quita seriedad a la historia...pero son cosas que le salen a una T_T)
La joven que iba a hablar antes de que ocurriese el...caso sopa, la pequeña Anetea (a la que todos los que habían hablado con ella le habían sugerido el nombre de Ane) decidió no esperar más y soltar la pregunta que realmente todos estaban deseando hacer:
-Aur Font...¿por qué nos has traído hasta aquí?
La anfitriona la miró suspirando:
-Pensé que nunca me lo ibais a preguntar.-Y sonriendo continuó- Se trata de...cambiar esta cansina y eterna rutina...llamémoslo...jugar a un juego.
-Un juego??- la pequeña Ane dibujaba la incomprensión en su bronceada carita.
-Sí jovencita, se trata de...saltarse LA NORMA.
Fortuna.
Aquella voz de mujer procedía de un sillón que miraba a la chimenea. Esa gran chimenea del fondo que daba un toque acogedor al salón.
La que había hablado era Aur Font, y su voz era autoridad y respeto. Potunen asintió, y volvió a sentarse.
-Querida...-empezó Aur Font levantándose del sillón y dándose la vuelta para mirar a Ara.- ¿vas a estar de pie todo el día? toma asiento por favor- y la interpelada obedeció.
Aur Font sonrió. Se alisó la falda de su hermoso vestido azul zafiro, que hacía juego con sus ojos y sus joyas. Era un vestido muy parecido al de Ara, solo que el escote de la anfitriona era recto con los hombros al descubierto. Y ella, al contrario que Ara, era morena, y llevaba el cabello recogido en dos moños que dejaban caer bucles revoltosos.
Se sentó al lado de Ara, pero al instante se levantó. Había recordado que aún no había llamado a Iris, y tenía que pedirle que trajese la cena. Tocó la campanilla y se sentó de nuevo.
Con una sonrisa un tanto sarcástica se dirigió a Ara:
-Querida, para ser el ser más bello, no tienes un nombre muy acordé, ¿no te parece? porque Ara...viene de Arabela ¿verdad?
-Sí, exacto, viene de Arabela -e intentó matar a su amiga con la mirada- creo que no me sonreíste mucho a la hora de la asignación de nuestros nombres.
Aur Font rió -Sí que sonreí un poco, podrías haberte llamado...Ambrosia o...Anacleta...
-Déjalo Aur, tranquila, ya me he acostumbrado, y no te guardo rencor- le hizo una mueca de burla- porque por lo menos me pusiste un apodo aceptable.
-Perdone señora, ¿ha llamado? ¿Desean que les sirva ya la cena?- la que habló fue Iris, que asomaba por la puerta del salón cargada con bandejas.
-¡Ah! Sí Iris, muchas gracias- y tras decir esto, Aur Font hizo un gesto al resto de presentes en la habitación para que se sentasen a la mesa. La criada fue poniendo cuidadosamente los cubiertos, la vajilla de porcelana, los vasos tintineantes, y los centros de comida.
Mientras servía la sopa, sir Potunen, que estaba sentado junto a Aur, mantenía el ceño. Se acercó a su vecina de mesa y le susurró:
-¿Se puede saber por qué has pedido la cena? Sabes de sobra que nosotros no...
-Calla querido- le cortó Aur Font, haciendo un gesto con la mirada para que mirase a la joven Iris, que había terminado, y haciendo una inclinación de cabeza salía del salón.- lo sé, y lo siento, sé que no te gusta ni esta época, ni tener que aparentar, pero yo me estoy acostumbrando, y, míralo de este modo, la sirvienta piensa que somos normales, y eso es lo que tenemos y debemos parecer.
miércoles, 27 de mayo de 2009
Un principio.
De camino a la mansión de la anfitriona, Ara se había adormilado con el traqueteo de las ruedas y los cascos de los caballos. Estos, tiraban de un magnifico carruaje que la había recogido aquella misma tarde.
Solo un sonoro chirrido, al abrirse la verja que daba comienzo a los dominios de Aur, había interrumpido aquel compás, y despertado a la joven.
Los paisajes, bellísimos, que rodeaban la casa, secuestraron su mirada hasta el momento en que llegaron a la puerta principal.
Le gustaba el cristalino lago en el que jugueteaban aquello cisnes. Le gustaba aquella época. Y el cuidado con el que arreglaban sus jardines, dándoles mil formas. Era...belleza.
Sonreía aún cuando, antes de que pudiese reaccionar, la ayudaron a bajar del carruaje. El uniformado guarda de la casa la soltó con delicadeza e hizo una elegante reverencia.
Ni él ni el cochero se sorprendieron de que estuviese totalmente resguardada en aquella capa de capucha. Ni tampoco comentaron nada acerca del verde de la misma, que parecía confeccionado con auténticas esmeraldas que relucían con las antorchas de la entrada.
No se extrañaron porque los invitados de Aur Font, solían ser así.
-Por favor, permita que la conduzca con el resto de invitados, le están esperando en el gran salón.
Tampoco el mayordomo se sorprendió de que su interlocutora no contestase, sino que le siguiese obediente, aunque decidida, por aquel laberinto de pasillos cubiertos de alfombra roja.
Todo el camino estaba iluminado por largas velas ancladas en hermosos candelabros dorados de pared, que a una distancia prudencial, iluminaban el orgullo de la dueña: sus cuadros.
Era una hermosa galería.
Con una leve reverencia, el mayordomo abrió para Ara, la puerta al gran salón.
-Gracias.- la misteriosa invitada había hablado. Su voz sonaba gloriosa, era tan...musical. Era hermosa.
Ahora veía como la joven se quitaba la capucha, y pensó que más que cabellos, era oro puro lo que se caía en tirabuzones, y se posaba suavemente sobre aquellos hombros.
Y la invitada volvía a hablar. -¿Le supondría algún problema dejar que cerrase yo? - y aquella sonrisa, aquella mirada penetrante, pícara y dulce, hizo que el mayordomo se ruborizase hasta la punta de los cabellos. Balbuceando dio media vuelta y saló aligerando el paso. Ara sonrió- Creo que tomaré eso por un no.
-Vaaaya, vaaaya, otro corazón atribulado para la cuenta de Ara D'Ofit.
La aludida se volvió haciendo que sus cabellos bailasen graciosamente al mismo tiempo. Se hallaban todos alrededor de la gran chimenea. Encogió los hombros y levantó las manos con mirada de inocencia.
-Sabes que no puedo evitarlo, y tú más que nadie, Oscar, deberías comprenderme.-dijo esto al mismo tiempo que se despojaba de su hermosa capa. Y cualquiera que la hubiese visto entonces habría pensado que era un crimen ocultar bajo una capa semejante figura. El vestido era burdeos, con el "indencente" escote de la época. La espalda quedaba descubierta prácticamente en su totalidad, desviando las miradas por su curva. Los bordes de mangas y vestido eran de brillante hilo de oro, del color de aquellos cabellos. Y los cabellos, los mechones rebeldes que podrían haber caído sobre su precioso rostro, estaban ensartados con dos horquillas burdeos.
Sus ojos claros brillaron de malicioso entusiasmo. Todos los reunidos, aunque la conocían, no habían podido evitar quedar admirados. Sabía que no estaba bien, pero sentía cierto regocijo interior.
-Perdonad.- dijo. Y con el leve movimiento de sus labios, volvieron en sí. - Lo peor no es que os atonte, compañeros- bajó su cabeza- sino que me alegre por ello.
Potunen, el mayor de todos los reunidos en la sala, se levantó de su sillón. Sacudiendo levemente su cabeza a un lado y a otro le contestó: -No tienes por qué disculparte, para algo eres el ser más bello que existe, y existirá jamás. Lo que sientes es orgullo- y cogiéndola suavemente por la barbilla continuó- Y yo me siento orgulloso de haberte conocido desde el albor de tus días.
