Todos los comensales entendían a qué se refería Aur cuando dijo LA NORMA.
Todos menos Ane.
-Es la primera vez que te hemos invitado a participar con nosotros, pero tranquila, te pondré al día.- Aur se le vantó de su asiento y sacó de entre sus vestiduras una hermosa bola de cristal del tamaño de un puño.
Comenzó a balancearla de una cara a otra de su mano derecha. La bola brillaba con los 7 colores del arcoiris y acaparaba toda la atención de la joven Ane. De repente lanzó la hipnotizadora bola hacia arriba con bastante fuerza. Casi tocó el alto techo, y comenzó a caer en dirección a la mesa a una gran velocidad. Todos instintivamente se apartaron. Por su trayectoria, iba a caer justo en el centro de la gran mesa. Todo estaba ocurriendo muy deprisa y nadie entendía nada. Y entonces pasó.
La gran ventana del salón se abrió, y entró una gélida brisa. La bola se desvió envuelta en un remolino de aire. Y cayó suavemente sobre la servilleta que Aur había colocado a su lado.
Y ella sonrió a todos.
-Una ventana mal encajada, una ventisca repentina, una trayectoria adecuada...simple unión de hechos...o simple fortuna.- y miró a Ane - Querida, cada uno destacamos por algo, cada uno sabemos cómo utilizarlo, lo que necesitamos es algo donde enfocarlo. Por eso necesitamos saltarnos la norma.
Interactuaremos con mortales, cambiaremos sus destinos, alargaremos o acortaremos su hilo de la vida.
Y todo eso bajo apariencias mortales, como esta noche, sintiéndonos atrapados y pequeños los primeros días.
No es el primer año que nos reunimos, pero si la primera vez que lo hacemos en esta época histórica.
Esta vez también he sido yo la encargada de realizar todo el entramado, pero no he elegido al mismo grupo de participantes.
Las normas y las parejas están en unas cartas que recogeréis ahora a la salida cada uno de ustedes.
A partir de entonces disponéis de una hora para preparaos y volver aquí, a las doce en punto.
La pequeña Ane se estaba perdiendo un poco. ¿Interactuar con mortales? Pero...eso era muy peligroso!!!...se lo venían diciendo desde siempre...
Aur seguía hablando, pero ella seguía con sus preguntas internas.
-Puesto que yo he preparado todo y sé antes que nadie el objetivo- continuaba la anfitriona- entendería que alguno pensase que no soy apta para participar.
Todos negaron con la cabeza y dijeron que claro que debía participar. Aunque supiese todo de antes, ellos lo iban a leer ahora en sus cartas, y ella aún no había comenzado a actuar.
Ane había negado como todos por inercia, pero seguía en su mundo.
De repente soltó:
-Y el que gana tiene premio?
-Jajajaja, sí pequeña, la pareja ganadora tiene un bonito premio, pero espero que no participes solo por eso.
Ane se sintió un poco ofendida por el tono y la insinuación de Aur, ella solo había tenido curiosidad. Un poco enfadada se levantó de su asiento.
-Imitad todos a nuestra pequeña y regresad a las doce.- Y apuntilló mirando al más despistado- EN PUNTO.
El aludido se acercó lentamente a Aur mientras Ane, Oscar, Potuenn y dos personajes siniestros, abandonaban el salón.
-¿Qué te ocurre Hes?- preguntó la anfitriona al joven.
El joven Hesmer parecía nervioso.
-Aur...es que...es por Ane. ¿de verdad cree que es buena idea que ella participe? Está...desorientada...Le puede ocurrir cualquier cosa!!
-Jovencito, Ane ya es mayorcita como para arreglárselas sola, y que yo recuerde, la última vez que tú participaste, estabas en su misma situación, y no te ocurrió nada.
-Sí, sí, lo sé Aur, pero...por favor...déjeme actuar de protector!!
-¿De...de ella? Pero Hes, ¿sabes lo que eso conlleva?- la mirada de Hes respondía a esa pregunta de Aur.- Pero a ver, me estas diciendo que quieres... ¿unirte a ella?- Hes asintió con fuerza- ...pero solo durante este juego, ¿me oiste?
-GRACIAS!!!!-y el joven le dio un efusivo abrazo a Aur que casi la ahoga. Salió corriendo por la puerta y continuó por el pasillo. Tenía que alcanzarla. Allí estaba Ane, en la entrada, cogiendo su carta. Continuó corriendo hacia ella, y no pensaba frenar.
Sus pasos no sonaban, sus pies no rozaban el suelo, su corazón bombeaba con fuerza y era el único sonido que retumbaba en sus oidos.
Y fué el único sonido que escuchó Ane antes de sentir un espasmo que casi le hizo perder el equilibrio. Miró hacia atrás confusa, al largo y vacío pasillo de candelabros y cuadros, y encogiéndose de hombros se abrochó la capa y salió de la mansión.
Desde el ventanal del salón, Aur miraba a la jovencita preguntándose si había hecho bien en dejar que Hes se uniese a ella. Bien o mal, allí iban los dos.
Se giró y miró a su compañera de salón.
-Bueno querida ¿qué te parece?
Ara se acercó también al ventanal. La pequeña Ane subía a su carruaje. Ara sonrió.
-Me parece, querida amiga, que nos vamos a divertir.
viernes, 29 de mayo de 2009
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